Pareja imperfecta

Vacila al comprobar la altura del acantilado desde el que hemos planeado saltar cogidos de la mano, pero le recuerdo que quitarnos la vida es la única forma de estar juntos para siempre. A modo de despedida, me dice que echará de menos mi sentido del humor, cómo la hago reír. Yo le contesto que de ella me fascina su arrojo y un punto de locura que la hace irresistible. Segundos más tarde intercambiamos gestos de sorpresa. Ella porque le he soltado la mano. Yo porque se haya tomado en serio lo de lanzarnos al vacío.

 

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Libre albedrío

La mujer se encontraba en ese momento de la vida en que cuerpo y mente dejan de hablarse y van cada uno por su lado. La fragilidad había domesticado sus ambiciones, que en aquellos días se limitaban a acabar un libro en cuyo argumento se reconocía a sí misma y que le devolvía recuerdos aparentemente olvidados. Lo había ido paladeando poco a poco hasta esa tarde, cuando convencida de haber llegado al final encontró varias páginas en blanco, como si quedara algo por explicar. Aunque a la mañana siguiente ya estaban llenas de texto, pronto descubrió más páginas sin escribir. El libro estaba dotado de una molesta resiliencia confrontada con su deseo por terminarlo y los días transcurrían en medio de un brote incesante de párrafos siempre acompañados de nuevas hojas en blanco. Una noche, cansada de prolongar lo que ya parecía una agonía, decidió que esa historia iba a tener un final antes del amanecer.

Hallaron a la mujer con su diario entre las manos. Sus ojos, aún abiertos, evocaban la mirada de quien aspira a escribir su propio desenlace, de llegar a ser, siquiera por un último instante, el autor de su propia vida.

 

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Indiferencia

El hombre acude a la comisaría para confesar su culpabilidad. Un agente le escucha con cierta desgana mientras expone con gran riqueza de detalles las circunstancias de la muerte de un huésped del hotel Flamingo, acaecida hace ya una semana. Explica que se ve incapaz de seguir haciendo frente a los remordimientos, que no puede permitir que sus familiares sigan sin conocer la verdad. El agente, sorprendido por el testimonio que acaba de escuchar, duda un instante, pero al momento lo invita a marcharse convencido de que solo busca notoriedad o no está en sus cabales. La falta de interés por resolver el caso devuelve al hombre al estado de ansiedad de la semana anterior. Regresa al hotel Flamingo y se tira de nuevo por el balcón.

 

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Todo en orden

Deja el sobre encima de la mesa y bebe el último sorbo de vino antes de comenzar el discurso que ha ensayado tantas veces. Con tono solemne pero al mismo tiempo conmovedor, proclama que mientras coma cada día y tenga donde vivir, el resto será para sus nietos. Tan solo se lamenta de la mujer que viene a limpiar, lo cambia todo de sitio. La muchacha recuerda que a su padre nunca le ha gustado que los demás toquen sus cosas. Sonríe, acepta el dinero con menos remordimientos y mira su reloj, tiene que ir a buscar a los niños. Después de un abrazo parten en direcciones opuestas. Horas más tarde, el anciano se encuentra reuniendo sus pertenencias en un rincón cuando aparece la operaria. La mujer barre a su alrededor y vacía las papeleras como si el hombre y sus cartones ni siquiera estuvieran allí.

 

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Trastorno sistémico

En los últimos días de verano, mi padre comenzó a sufrir ataques de fatiga, ansiedad e incluso tristeza, como aquejado de una súbita dolencia. Al ver que se pasaba todo el día en la cama sin hacer nada, mi madre se alarmó y le convenció para que acudiéramos a urgencias. La sala de espera estaba abarrotada de turistas por la época del año, y tuvimos que esperar varias horas a que nos atendieran. Cuando por fin nos llegó el turno, tras detallarle los síntomas, el médico nos aseguró que podíamos estar tranquilos. Padecía el síndrome postvacacional, en cuanto volviéramos a casa se adaptaría de nuevo a la rutina laboral. Aunque el diagnóstico no nos había dejado demasiado satisfechos, estábamos a punto de marchar, cuando a mi hermano se le ocurrió hacer aquel comentario. Ahora no podemos salir de esta habitación, tienen la puerta cerrada a cal y canto y los médicos solo entran vestidos con trajes de seguridad para evitar cualquier contacto. Les preocupa que pueda haber más personas expuestas y ya están estudiando nuestro historial laboral para descubrir las causas. Todo porque a mi hermano le dio por aclarar que no somos turistas y que mi padre hace tiempo que no tiene ningún trabajo al que habituarse.

 

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Historia universal

Los niños no pudieron resistirse. La explicación les resultaba larga y aburrida y la tentación de apartarse del grupo para explorar por su cuenta los alrededores era demasiado fuerte. Su atrevimiento obtuvo recompensa cuando encontraron aquel par de animales muertos. La historia les resultaba tediosa pero la biología, en cambio, era uno de sus temas preferidos. Tras contemplar fascinados los cuerpos durante unos segundos, en una de esas chiquilladas de la infancia, alguien tuvo la ocurrencia de que a lo mejor era posible revivir uno de ellos introduciéndole el corazón del otro. Justo en el momento en que intentaban acoplar el órgano apareció el profesor. No recibieron la reprimenda que esperaban, solo una advertencia de que debían tomarse muy en serio la vida y la muerte. Bastante tendrían con sortear aquel laberinto de cadáveres en su vuelta a la nave, esta vez sin taparles los ojos, para que aprendieran las consecuencias de jugar a ser dioses.

 

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Sinceridad

El poema le ha gustado tanto que he preferido dejar que pensara que era mío. Iba a advertirle del error, pero para entonces ya estaba describiendo la sensibilidad que yo desprendía, expresando su admiración por las personas que tenían ese talento para la escritura. Sin embargo, nada más entrar en su casa he comenzado a sentir remordimientos. Si me ha traído aquí, si se estremece cuando rodeo su cuello con mis brazos, es por todas las patrañas que yo misma he avivado. Estoy segura de que me voy a arrepentir si no acabo con esta comedia, por eso aprieto y aprieto hasta que deja de respirar. Antes de que piense que soy una de esas mujeres incapaces de matar una mosca.

 

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