El dinero no da la felicidad

Estaba a punto de tirar el recibo del cajero automático, cuando reparó en un texto inusual tras la ristra de números: “me gustaría volver a verte”. Curioso por ver qué ocurría, realizó otra operación y la máquina extendió un nuevo comprobante con evidente propósito de flirteo. Al principio pensó que se trataba de una broma y se olvidó del asunto, pero con el tiempo le empezó a rondar por la cabeza la posibilidad de llevar a cabo un experimento. Decidido, acudió al cajero, seleccionó la opción de ingresar y junto con los billetes introdujo una nota. La respuesta resultó muy ingeniosa y le arrancó una sonrisa. A partir de ese momento mantuvo numerosas conversaciones sacando dinero en pequeñas cantidades que volvía a ingresar de inmediato. Descubrió que tenían muchas cosas en común, y pronto presintió que esa amistad se podía convertir en algo más. El día que caducó la tarjeta, pasó la noche inquieto, fantaseando con mensajes apasionados. En cuanto recibió una nueva, acudió a hacer un ingreso, pero únicamente obtuvo un comprobante con los datos de la transacción. Insistió varias veces, desesperado, hasta que finalmente consiguió una respuesta. No te conozco, déjame en paz, decía.

 

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Consecuencias de la ignorancia

«No se nada, eso lo lleva mi marido» –alega Cristina ante el juez a todas y cada una de las preguntas que le formulan. La esposa del cargo público acusado de soborno utiliza la misma evasiva durante horas hasta que finalmente logra que la dejen marchar. Para un taxi para volver a casa, pero al preguntar el taxista el destino, responde de nuevo que no sabe nada, que eso lo lleva su marido. Perplejo, el conductor la deja en la parada de autobús más próxima, donde la casualidad le conduce a un encuentro fortuito con su amiga Sofía. Tomando un café, Sofía confiesa que sufre una crisis de inseguridad, cuestionándose si todavía resulta atractiva a los hombres, a lo que Cristina replica, sin variar ni una coma de su discurso, que no sabe nada, que eso lo lleva su marido. Al llegar a casa, los niños preguntan por su padre, a lo que ella contesta que no lo sabe, que “etcétera”. Precisamente su marido se encuentra en casa de Sofía, que lo ha invitado porque según ha sabido por una fuente de confianza, es la persona que lleva el tema de su atractivo, que por cierto, está bastante subido. Y ya se sabe que una cosa lleva a la otra.

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(In)culto al cuerpo

Acumulando lipoesculturas, cirugía de párpados y algún retoque de mentón consiguió cambiar su aspecto en poco tiempo. Solo tras comprender que la verdadera belleza está en el interior superó su adicción a la cirugía. Desde que le trasplantaron el pulmón de aquel actor tan sexy, tiene alergia a los cacahuetes.

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Hasta que la muerte los separe

De madrugada, el día en que hace un año exacto que murió, deambula por el campo buscando las mejores flores, no tiene dinero para comprarlas. Recorre de forma discreta el camino que lleva hasta donde se halla su esposa, deposita el ramo con las manos aún llenas de tierra y parte antes de que amanezca.

Al despuntar el alba, la mujer abre los ojos. Inadvertidamente, desmonta un ramo de flores cuando su mano asoma a la superficie tras arañar frenéticamente la tierra que cubre la fosa. Desolada, llora ante una lápida que lleva inscrito el nombre de su marido.

 

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Terrores nocturnos

Sin beso de buenas noches, cuando el crío arranca a llorar los padres afrontan el berrinche contándole un cuento con final infeliz para no dormir. Desafiante, el hijo decide mancharse los dientes, tras lo cual sus contrariados padres le exigen vomitar la cena. Tal maniobra provoca una pataleta en el niño, quien tras deshacer la mochila que preparó para el colegio, comprueba de inmediato como los adultos rompen los deberes que le ayudaron a hacer aquella tarde. Entre tanto, oculto en un armario, temeroso de hacer algún ruido que lo delate, el monstruo se estremece imaginando las pesadillas que tendrá esa noche.

 

Publicado en la revista Letralia

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Paladar exigente

Me acaban de matar y me siento aturdida, nunca he estado muerta antes, así que decido volver a casa. Al llegar, como Lázaro está preparando la cena, aprovecho para cambiarme, el olor a pólvora me incomoda. De un tiempo a esta parte insiste en cocinar pero no me acaba de convencer el resultado. Mientras cenamos me explica los chismorreos del día, aunque apenas lo escucho. Por primera vez me descubro a mí misma devorando su comida con verdadero deleite. Vemos una película de zombis, a él no le acaban de gustar, son demasiado fantásticas y prefiere personajes con los que pueda identificarse. Nos vamos a la cama, está cansado y me pregunta si no me importaría recoger. Ahora me doy cuenta de que el problema era mío, no cocina tan mal como pensaba. Limpio el suelo antes de acostarme porque si dejo secar la sangre cuesta mucho de quitar. El otro día, el hígado no me pareció tan exquisito como hoy.

 

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Los límites de la interpretación

La estadística es objetiva, una foto hecha con una cámara que se adentra en las entrañas de la realidad de forma desapasionada, una herramienta infalible que constituye la base de todas mis decisiones. Tengo en mis manos los resultados de un estudio que mis analistas han cribado y estrujado hasta proporcionarme un número, con un pequeño margen de error, pero en definitiva imparcial. Mi mujer solloza gritando que apenas tiene unos días, pero le insisto en que tiene que irse de casa y llevarse al niño con ella. Sus apelaciones subjetivas al cariño o su negación de lo evidente son inútiles, no puedo perdonarle la infidelidad que sin duda ha cometido. Las conclusiones del último informe afirman taxativamente que la media de hijos por pareja es de 1,32. Ese segundo hijo no puede ser completamente mío de ningún modo.

 

Publicado en la revista Letralia

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Gentrificación

El viajero, vestido con traje de color vainilla, espera paciente en el control de inmigración del aeropuerto mientras al otro lado de la ventanilla un policía examina su pasaporte. El agente niega con la cabeza desconcertado, el pasaporte es de Orsia, un país que no existe. Sospecha que es falso, pero el vacío legal sobre países inexistentes no le permite detenerle ni acusarle de nada. Cuestionado acerca del propósito de su viaje, el turista explica que viene de un lugar donde los aeropuertos son mucho más fríos y que busca un lugar más confortable en el que gastar su dinero. La declaración no despeja ninguna de las dudas iniciales, de modo que, para evitar problemas, se decide expulsarlo del país. Con este propósito, una pareja de funcionarios de los cuerpos de seguridad es designada para que le escolten hasta su lugar de origen en el mismo vuelo en que ha llegado. Concluida la misión, los funcionarios regresan en avión al día siguiente y al ser identificados en el aeropuerto muestran pasaportes de Orsia. Son trasladados a una sala atravesando una multitud vestida de color vainilla que ya comienza a saturar el control de inmigración de forma preocupante.

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Seleccionado en la convocatoria Julio-Agosto 2017 de Esta Noche Te Cuento e incluido en el recopilatorio anual.

Onanismo judicial

La mujer conducía cuando se produjo el accidente en el que falleció su marido. A fin de establecer responsabilidades penales, busca representación legal para demandarse a sí misma y con la urgencia que otorga el autoempleo acepto encantado el encargo de acusarla y defenderla, tras informar de que solo cobraré mis honorarios si no pierde. Eufórico por haber conseguido dos nuevos clientes, contrato a un detective con su correspondiente licencia para investigar el asunto, quien tras minuciosas pesquisas averigua que la carretera rebosaba de arena resbaladiza, sin que el automóvil dispusiera de las cubiertas preceptivas. En la vista oral expongo estas evidencias con gran elocuencia, consiguiendo que la conductora gane y pierda el juicio. Pero no tengo tiempo para celebraciones; ya estoy estudiando denunciarme a mí mismo por impago de salarios.

 

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El problema de la vivienda

Conduciendo demasiado bebido, el joven buscaba un hotel para pasar la noche cuando el gps le jugó una mala pasada y acabó empotrado en la entrada de una comisaría. Al preguntar si tenían habitaciones libres, la policía lo encerró en una celda. Por la mañana, sin embargo, los agentes se sintieron comprensivos y le prepararon un desayuno buffet, para acabar ofreciéndole más tarde pensión completa. Al cabo de los meses se había convertido en huésped habitual, aceptando de buen grado la propuesta de pasar a una celda superior. En cierto momento, con la confianza que le otorgaba llevar un año en el calabozo, confesó que tenía novia y que buscaban un lugar donde vivir juntos. Con paciencia, los policías llevaron a cabo las obras necesarias para unir varias celdas a fin de que la pareja tuviera un hogar. Apenas llevaban tres o cuatro meses conviviendo, cuando la madre de la chica contrajo una enfermedad que requería cuidados. Esa navidad los tíos de Alicante vinieron de visita y se quedaron a dormir. El verano siguiente, mientras decidían no salir de vacaciones porque para qué, llegó una resolución judicial decretando que no se les podía mantener por más tiempo en prisión. Con tristeza, la policía se vio obligada a proceder al desahucio y la familia se encontró en la calle. Hoy han pasado por delante de un banco con un letrero en la puerta invitándoles a entrar: “Consiga la vivienda de sus sueños”. Les ha parecido muy interesante. Ya han avisado de que en breve tres personas, una de cierta edad, atracarán el banco. Y de que prefieren cama doble si es posible.

 

Publicado en la revista Letralia

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